Desde que me acuerdo, mi papá siempre decía que un ingeniero debe comer de todo. Contaba que cuando el trabajaba en exploraciones petroleras en Loreto, habian días en que todos, peones, capataces, topografos e ingenieros tenian que comer conservas de pescado en lata, por estar en la espesura de la selva peruana.
Siendo ingeniero, me decía, por más plata que tengas, siempre habrá un lugar donde no haya ningún restaurante, ni lugar alguno donde comer algo decente, asi que mejor ir acostumbrando el estómago.
Finalmente, tenía razón. El pasado viernes iba yo como alma que lleva el diablo por las calles de Huaral, tratando de no llegar mas tarde a la obra, a la que tenía que llegar a las 10 de la mañana, y eran la una de la tarde. Para colmo me moría de hambre, tenía que correr, y me moría de hambre, y tenía que seguir corriendo, cuando de pronto:
“CARAPULCRA, CHANFAINITA, TALLARIN A SOOOOOOOOL!!!”
Era una señora en un triciclo, que venía gritando por la calle, acercándose a mí. Lo pensé medio segundo, creo, y le pregunté: ¿puede ser carapulca con chanfainita?. Claro joven, me contestó, y ya me estaba sirviendo. Me dió un platito de tecnopor, un tenedor de plástico, le pagué y chau, me fui comiendo en el colectivo que llevaba a ese olvidado pueblito al que tenía que llegar. Un almuerzo al paso, y una obra que, por fin, está finalizando.
Al terminar, agradecí a Dios por la comida y a mi viejo, por el consejo.

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